Buena persona

Arrinconados Alina Caravaca

Siempre he dicho que para ser buen polític@ antes hay que ser buena persona. Un electricista puede ser un fenómeno en su oficio y ser el personaje más ruin que uno se pueda echar a la cara. Un político o política no. Y Alina Caravaca (IU), definitivamente, es buena persona. Hoy, en el Salón de Plenos, ha oficializado su paso a un lado de la primera línea política. Un paso a un lado, sí,  porque ni ella puede dejar la política, ni ésta la puede dejar a ella… no debiera, al menos.

Escuchar a Francisco Salado (PP) calificar a Alina (permítanme que me referiera a ella por su nombre y no por su apellido) como “una mujer valiente que defiende sus principios hasta las últimas consecuencias” es una de las cosas más acertadas y sinceras que he oído esta mañana. Tan acertado como cuando, aún admitiendo que se encuentran en las antípodas ideológicas, el líder de los populares ha asegurado que “la clase política necesita políticos como tú”.

Y es cierto, hacen falta polític@s así, que tengan verdadera vocación de servicio público, que tengan principios, sí, PRINCIPIOS en mayúsculas, un bien que tan escaso como infravalorado. A lo largo de mi vida, he conocido a pocas personas que tuvieran principios, y la clase política no es una excepción. El problema es que cuando una persona elegida por la ciudadanía no los tiene, afecta a una gran colectividad.

¿Saben qué es peor que un polític@ sin principios? Un@ que crea que los tiene y con eso se conforma, porque a la hora de la verdad, los obvia. Ese tipo de persona no ve o no quiere ver que cuando un principio no se respeta, sencillamente, no es principio. Alina, afortunadamente, no es de esa clase, porque para ella y a diferencia de otr@s, el fin no justifica los medios.

Los que llevamos muchos años pegados a la política conocemos de cerca las miserias que se viven en ella, las morales escleróticas que se concitan, se contagian y amplifican. En demasiadas ocasiones he escuchado que para aguantar en política es preciso saltarse los principios, es imperativo hacerse peor persona porque, de lo contrario, te devoran.  No estoy de acuerdo y hoy más que nunca me convenzo de que, como ha indicado Salado, hacen falta personas valientes que defiendan sus principios hasta las últimas consecuencias.

Si un buen día comienzas justificando los medios con un fin que, en realidad, ni siquiera tienes la certeza que alcanzarás, ¿dónde te pondrás el límite la próxima vez? Si un día traspasas una línea roja que nunca pensaste rebasar, ¿quién te dice que mañana no dejarás atrás otra línea más, autoengañándote mientras te repites “la última vez, de verdad”? Definitivamente, Alina no es así.

Lo que hace falta para aguantar en política son, precisamente, principios rectos y el firme compromiso con un@ mism@ de respetarlos. Lo que hace falta es una coraza lo suficientemente fuerte para aguantar los envites que te llegan por todos los frentes, las zancadillas, traiciones y deslealtades, incluso, de quien menos te lo hubieras esperado. Si embargo, para una buena persona, armarse con esa coraza es más complicado, porque como hoy mismo ha demostrado en su último discurso, Alina confía en la bondad de las personas hasta el final y siempre tiende la mano conciliadora… incluso, a sabiendas de que se la morderán.

Es verdad que desde que anunciara su dimisión y su entrega del acta de concejala he escuchado y leído muchas hipocresías, pero no es menos cierto que, a pesar de ese cariño impostado en la forma, en el fondo decían la verdad y Alina ha sido una gran concejala. Si a ese cinismo le sumamos las muestras sinceras de reconocimiento y afecto, tenemos una prueba más de la entrega de Alina, de cómo los que hemos tenido oportunidad la hemos visto trabajar siempre en segunda línea, sin esas ansías enfermizas de figurar.

Habrá alguna persona, ingenua de ella, que crea que hoy ha ganado con la marcha de Alina y que ésta ha perdido. Sin embargo, hay veces que ganando se pierde y perdiendo, sin embargo, se gana. Pero eso, quizás, sólo lo entienden las buenas personas. Y Alina, definitivamente, lo entenderá.