Expulsiones y estómagos agradecidos

Arrinconados Enchufe

Que a uno le echen de dos sitios bien distintos, de signo político contrario, y lo hagan por temas turbios nunca puede ser una buena noticia… y dice mucho del que es expulsado. Si además, ese cesado ha demostrado en varias ocasiones que miente, que bloquea el teléfono a periodistas que sacan sus vergüenzas y hacen preguntas incómodas, que la amenaza es una costumbre más en su manera de hacer política, ¿qué puede pensar uno? ¿De veras puede pensar que un sujeto así beneficia al pueblo en su conjunto?

Las promesas electorales pasan factura, incluso, las que no se pueden hacer públicas. Es lo que tiene la política de estómagos agradecidos, el verdadero populismo, y no lo que unos creen que es populismo. Cuando uno se dedica en campaña a prometer enchufes a cambio de votos, luego tiene que llegar lo suficientemente lejos para poder enchufar como se había comprometido.

De lo contrario, comienzan las presiones, las amenazas de poner el ventilador, de «a la próxima no me la juegas, pero ni a mi ni a los míos». Y claro, cuando uno sueña con recuperar su sitio, el primero del que lo echaron, pues hay que forzar la máquina. Y si la fuerzas y tus socios no te dejan, mentir. Resulta muy sencillo contar en un publirreportaje que uno sólo quería mejorar el pueblo y que no le han dejado, obviando que encima de la mesa se puso la contratación directa de cierto número de personas… personas de las que él conocía los nombres y apellidos de antemano.

Resulta muy sencillo contarlo en un publirreportaje, pagado quizás, y no exponerse a las preguntas incómodas… y a las únicas que se expone de una emisora de radio, quedan en evidencia sus contradicciones. ¿Cómo creer que alguien así puede beneficiar al pueblo?

¿Cómo no pensar que ese tipo representa a lo más rancio de la política al arremeter contra los activistas cuando, si él ha llegado a donde ha llegado, ha sido en primer término por el sacrificio de los activistas y no por el de los políticos? No deja de ser curioso que con el único ex-socio con el que se siente cercano es el mismo que le defendió cuando le negó el derecho a la información  y la libertad de prensa a la ciudadanía.

Enchufar nunca es crear empleo. Eso lo saben, incluso, los que hoy se rasgan las vestiduras desde su puesto conseguido a través de uno de estos enchufes… muy posiblemente por este mismo sujeto. Enchufar es negar la oportunidad a alguien mejor capacitado o que lo precisaba más. Y enchufar desinteresadamente, puede uno llegar a entenderlo -que no justificarlo-, pero hacerlo a cambios de votos, sencillamente, es nauseabundo.

Así las cosas, la expulsión ha sido recibida por muchos con un brindis, estoy seguro que ese día se descorcharon muchas botellas, se tomaron muchas cervezas a la salud de la depuración realizada. Sin embargo, saltan dudas en todo este proceso. El motivo que se dio, ¿fue único o fue la gota que colmó el vaso? Si fuera éste último caso, significaría dos cosas: o que los que se quedan impidieron otras maneras malas prácticas similares en el pasado o, lo que sería nefasto, que miraron a otro lado porque eran minucias a consentir para mantener el pacto.

De nuevo, si éste fuera el caso, ojo, porque habría connivencia sino complicidad, más aún cuando hasta hace tres días el pacto se vendía de puertas para afuera como el País de las Maravillas de Alicia, donde todo es concordia y buena comunicación, donde la mano izquierda sabía perfectamente lo que hace la izquierda… nunca mejor dicho. Sea como fuere, con lo que haya pasado hasta el día de la expulsión, los que se quedan habrán de apechugar.

Dice el refrán que quien se acuesta con niños, mojado se levanta. Entre susto y muerte eligieron susto hace un año y medio aproximadamente. Pues el susto llega ahora.