PP-PA recuperan la tradición racista: de nuevo, un Baltasar a betunazos

Arrinconados Reyes Magos

El bipartito del PP-PA han conseguido devolver a Rincón de la Victoria de una tradición de la que en los dos últimos años parecía que conseguía escapar: esa práctica racista de pintar de negro a una persona blanca para hacer de Baltasar en la Cabalgata de Reyes. Abrazar de nuevo lo que se conoce en todo el mundo por el blackface hace retroceder al municipio al pasado y lo sitúa en esa lista vergonzante de localidades que no avanzan en igualdad.

La falta de sensibilidad por parte del PP y el PA es absoluta. Más allá de que yo no esté de acuerdo con una comunión civil -no por el nombre, sino porque la celebración en sí me parece una fantochada-, sorprende que los partidos conservadores tengan la piel tan fina como para notar cómo les hierve la sangre cuando se utiliza el término “comunión” fuera de la liturgia católica -como si fuera patrimonio suyo- y, en cambio, carezcan de toda sensibilidad para desterrar de una vez por todas tradiciones racistas.

El origen del blackface fue reírse a costa de las personas negras, cuando la esclavitud aún era una práctica habitual. Algo que hemos podido vivir en los tiempos modernos, entrando de pleno en el mundo de la publicidad con productos como Conguitos o Ron Negrita. En Estados Unidos, por ejemplo, y gracias al activismo que vivió el país en la década de los años 60, el blackface está prohibido para representar a una persona negra en los escenarios. 

El gesto que han tenido Francisco Salado (PP), José Mª Gómez Muñoz (PA) junto con el resto de su equipo todavía es una agravio mayor considerando que unos días antes de la Nochebuena las pateras llegaron a Rincón, en la desembocadura del arroyo Granadillas, dando una bofetada de realidad con personas negras reales, de esas que no se pintan, de las que traen el miedo grabado en sus rostros, que huyen, precisamente, de lo que Europa ha propiciado en sus países de origen.

¿Qué pensaría cualquiera de estos migrantes si hubieran tenido ocasión de ver a ese Baltasar a betunazos tirando caramelos desde lo alto de su carroza? Algun@s dirán que no ha existido mala intención. Eso es indiferente, pues lo que denuncio aquí es la falta de sensibilidad y que, más allá de buenas o malas intenciones, el gesto racista es un hecho. Rincón de la Victoria, asúmanlo, tuvo una Cabalgata racista, como tantos otros pueblos que parecen incapaces de abrazar la igualdad real. Qué lastima.